Entrevista a Clara Rodríguez. Revista Musical de Venezuela No 54

Entrevista a Clara Rodríguez, pianista

Dosier “Ellas resuenan: Homenaje a Teresa Carreño”

Por:
Adriana Quiaro

Clara Rodríguez; “Un dato curioso y hermoso sobre Teresa Carreño que nos muestra que ha sido admirada y valorada entre las estrellas mundialmente, es que la Asociación Astronómica Internacional (UAI, por sus siglas en inglés), en 1991, denominó Teresa Carreño al cráter de latitud -3, longitud 16.1, diámetro 57 del Planeta Venus

 

claris97@hotmail.com

Clara Rodríguez comenzó estudios en el Conservatorio Juan José Landaeta bajo la guía de Guiomar Narváez. A los diecisiete años ganó por concurso una beca en el Royal College of Music de Londres, donde estudió con Phyllis Sellick. Como concertista ganó el premio Latino del Reino Unido-LUKAS como Músico Clásico del Año en 2015. Es una de las intérpretes contemporáneas que más ha promovido la obra de Teresa Carreño. Destacados compositores le han dedicado piezas, entre ellos: Lawrence Casserley, Federico Ruiz, Adrián Suárez, Miguel Astor y Juan Carlos Núñez. Actualmente es profesora del Royal College of Music de Londres.

¿Cómo fue la formación musical que recibió Teresa Carreño?

Como es sabido, la familia Carreño, por generaciones, estuvo vinculada a la música en Venezuela y desde temprana edad tuvieron puestos como músicos profesionales en la Catedral de Caracas. Por ejemplo, el abuelo de Teresa Carreño, Cayetano Carreño, cuyo hermano era Simón Rodríguez, el maestro de Simón Bolívar, fue un importante compositor y organista, y tuvo varios hijos que fueron destacados músicos, entre ellos Manuel Antonio Carreño, el padre de Teresa.

Ella fue la primera mujer que se destacó como músico dentro de esa dinastía Carreño, hay que recordar que en la época de su nacimiento, la educación estaba destinada a los hombres, no tanto para las mujeres. A pesar de esas circunstancias, Manuel Antonio se dedicó a educar a su hija en la técnica pianística escribiendo para ella cientos de estudios que ella tocaba en todas las tonalidades, lo cual le ayudó a tener gran soltura y dominar muchas dificultades. Eso denota la genialidad y disposición de la niña y, por supuesto, el talento, unidos a la visión del padre para la enseñanza del instrumento.

Manuel Antonio Carreño –quien escribió el famoso Manual de urbanidad y buenas maneras– era ministro de Finanzas para ese entonces, pero por los problemas del país y ante las facultades de la niña la familia decide irse a los Estados Unidos (EE UU).

 

¿Podemos decir entonces que su padre fue su primer maestro?

Sí, definitivamente. Ya a los siete u ocho años era una pianista formada que impresionaba por su facilidad mecánica, la espontaneidad y frescura de su personalidad, la pasión y musicalidad con las que tocaba el piano. Se pueden apreciar estas cualidades en las composiciones que realiza desde esta época, entre las que destaca su valse dedicado a Louis Moreau Gottschalk, el cual fue publicado y vendido en los EE UU. A esa edad ya manejaba y dominaba todos los aspectos técnicos, eso es sumamente interesante, la educación que había recibido en Venezuela fue de alta factura. También con ese gesto de homenaje hacia su mentor –Gottschalk- demuestra sensibilidad, admiración y agradecimiento, rasgos importantes que forman parte de su personalidad y que se afianzarán a medida que se desarrolla como artista y como mujer.

 

Según su experiencia como pianista, ¿cuáles serían los aportes de la maestra Carreño a la ejecución del piano desde el punto de vista técnico?

Su técnica e ideas de interpretación se pueden observar en sus composiciones. Cuando era niña compuso muchos valses, polkas, como lo demostró Laura Pita en la investigación que realizó sobre Teresa Carreño, muy rápidamente evolucionó hacia el nivel del citado valse dedicado a Gottschalk. Estas composiciones muestran un gran nivel musical dentro de lo que fue su mundo infantil, lleno de afectos y de gran imaginación.

Para tocar sus primeros opus se entiende que hay que tener una técnica formada porque sus obras presentan dificultades técnicas, con saltos, trinos y arpegios; le encantaban las tonalidades con muchos bemoles, lo que complica la ejecución. En muchas de ellas hay melodías que hay que tocar y frasear en legato mientras con la misma mano hay que tocar un acompañamiento que va en terceras, por ejemplo, las cuales deben ser tocadas staccatto mientras que con la izquierda hay que tocar una serie de acordes que enriquecen la armonía. Por cierto, su formación de la teoría de la música y de armonía es también sólida ya que en sus piezas hay gran encanto unido por una riqueza melódica y armónica que nunca nos aburre, no hay repeticiones innecesarias tampoco. Está firmemente enmarcada en el estilo de salón, típico de su época. Las obras de Teresa Carreño pueden ejecutarse más allá de su grado de dificultad porque están muy bien escritas para la mano del pianista.

De los EE UU se mudó a París, donde compuso la mayor cantidad de sus obras; en ellas se siente la influencia de Franz Liszt, Federico Chopin, Robert Schumann, incluso de Carl Maria von Weber y de la ópera italiana. Están todos los recursos técnicos que se pueden utilizar en el piano. Para un pianista adulto, enfrentarse a la producción de la Teresa Carreño tanto niña como adulta es un reto.

 

De sus composiciones, ¿cuáles diría que, pasado el tiempo, aún se mantienen como las más emblemáticas?

Creo que el pequeño valse Mi Teresita que fue una de las pocas piezas que escribió de adulta y que le dedicó a su hija. En el Royal College of Music, donde doy clases, hay un concurso anual para los alumnos de piano que se llama Teresa Carreño, donde tienen que tocar tres obras y una obligatoriamente tiene que ser de Teresa Carreño. En un principio tocaban sus obras de menos dificultades técnicas, pero ahora los niños (entre trece y dieciocho años) tocan obras como la Cesta de las flores, recientemente ejecutada por uno de mis estudiantes; el año pasado tocaron La primavera, muchos tocan la canción de cuna El sueño del niño, que está dedicada a su padre. Aún no he escuchado a nadie que toque la Balada, pero pienso que alrededor del mundo, mientras más se conoce su obra más la gente quiere interpretar a Teresa Carreño.

 

¿Cuáles fueron las obras que ella más interpretó como concertista?

Cuando era niña le gustaba mucho tocar las piezas de su maestro Gottschalk, aunque a su padre no le gustaba que las ejecutara, seguramente él prefería que interpretara a Ludwig van Beethoven y otros compositores alemanes, pero ella siempre interpretó compositores contemporáneos suyos, sobre todo si eran sus amigos, como Edward MacDowell, un compositor norteamericano que ella dio a conocer en el mundo entero.

Hay una famosa cita que dice: “Anoche Carreño tocó el segundo concierto de su tercer marido en el cuarto concierto de la filarmónica”, refiriéndose a Eugen d’Albert que fue un compositor no muy querido por la crítica, pero eso no fue problema para que la pianista se impusiera y tocara sus obras en los conciertos, aunque fueran poco apreciadas. Ella fue muy cercana a la música de compositores como Chopin, Schumann, Liszt, los grandes románticos en general, aunque también tocaba mucho Beethoven, no tengo conocimiento de que haya tocado mucho a W. A. Mozart, pero sí a Piotr Ilich Tchaikovski. Por ejemplo, Teresa Carreño vivió en la misma época que Claude Debussy, pero no creo que haya tocado sus obras, no interpretó música del impresionismo o de los autores españoles como Granados, por citar un ejemplo. Eso creo que tiene que ver con que no vivió en Francia en su adultez, por el contrario, ella se “germanizó” cuando se mudó a Alemania, aprendió el idioma y luego hizo todo lo posible por integrarse a esa nación.

Otro de los compositores que ella interpretó mucho fue a Edward Grieg, quien fue su amigo cercano. Teresa Carreño tuvo apoyo de los más grandes músicos desde que llegó a París, en su adolescencia, donde conoció a Gioachino Rossini y estudió con su maestro Georges Mathias, alumno de Chopin, ambos la apoyaron bastante. Eso es importante, que las viejas generaciones ayuden a las nuevas, sin ese impulso es difícil consolidar una carrera artística. En París, madame Érard, le prestó apoyo y fue quien le presentó a Rossini, de ahí logró otros contactos importantes que le permitieron hacerse conocer en ese país. No hay una fórmula mágica para hacerse famosa, hay que tener el talento, el trabajo y, luego, el impulso.

 

¿Cuál es su valoración de la carrera como concertista de Teresa Carreño?

Se consideraba una de las más grandes en Europa y en los EE UU, Henry Wood escribió en su biografía que Teresa Carreño dejaba a todo el mundo pasmado; un inglés no va a decir eso gratuitamente, ella fue muy alabada y querida en su tiempo. Los grandes músicos le hicieron homenajes. Claudio Arrau, Johannes Brahms y todos los que he nombrado en esta entrevista, hablaron sobre el gran talento de Teresa Carreño.

Ella se esforzó mucho, desde los ocho años no paró de trabajar, su temple y amor por el piano le permitieron alcanzar y mantener el alto nivel artístico de su carrera. Luchó incansablemente por realizar conciertos y giras.

 

¿Cómo fue su labor como docente?

Pienso que la docencia no era su prioridad, creo que no dictaba clases formalmente, su biógrafa y alumna Marta Milinowsky dice que a veces se apasionaba y podía dar una clase larguísima sobre una sonata de Beethoven, por ejemplo, si se trataba de un estudiante con talento, pero si el alumno no le interesaba, cortaba la clase; como era tan famosa, era muy buscada para dar clases, sobre todo en Alemania, era muy amable y comprensiva con su círculo de estudiantes.

 

¿Cómo fue su relación con el público?

Fue adorada por el público y todo el que tuvo la oportunidad de conocerla o escucharla. Impresionaba porque tenía mucha fuerza y belleza física; su conocida destreza estaba ligada a su capacidad artística, técnica y a su personalidad, creo que tenía un encanto y alegría muy venezolanos.

En ocasiones también la crítica europea fue dura con ella, pero eso es normal para todos los artistas. Las palabras “Diosa”, “Emperatriz”, “Valquiria” y muchos otros superlativos le fueron adjudicados tanto por la crítica como por otros grandes músicos.

En los dos viajes que realizó a Venezuela fue recibida con grandes honores, poemas y agasajos fueron dedicados a su persona. El presidente Antonio Guzmán Blanco le pidió que trajera una compañía de ópera en su segundo viaje, pero sus opositores lanzaron piedras y bombas en botellas durante los ensayos de la compañía. La situación produjo que el director italiano que habían traído renunciara, por lo que Teresa Carreño tuvo que dirigir y cantar durante la temporada. A ella le dolió mucho que la alta sociedad comenzara a rechazarla, porque la pacatería nacional no veía con buenos ojos que una Del Toro viviera en concubinato con su pareja, el tenor Giovanni Tagliapetra y que cantara ópera.

Teresa Carreño estuvo un tiempo aquí, visitó varias ciudades de Venezuela. Luego de esto no regresó más, aunque siempre manifestó tener a Venezuela en su corazón. Posterior a su estadía en Venezuela, realizó un concierto con la Filarmónica de Berlín, el público la ovacionó tanto que ella dijo que le recordó a sus paisanos “en revolución”.

 

Siendo mujer, ¿a qué desafíos se enfrentó para sobresalir en el campo musical y ser artista de renombre mundial?

Fueron muchos los desafíos que tuvo que asumir. La carrera de pianista internacional para una joven de diecinueve años en el siglo XIX no era cualquier cosa, había que ganarse la vida tocando, ser independiente, ¡pero ella estaba preparada! La guerra Franco-Prusiana o de Cien Años impidió que pudiera volver a ver a su padre en Francia, ya que ella desde Inglaterra –donde estaba tocando– viajó a los EE UU para emprender innumerables giras en compañías que reunían a los mejores músicos europeos. Solo volvió a Europa años más tarde ya que ese era el centro de la música clásica, especialmente para el piano. Se impuso porque mucha gente valoró en su justa medida su inmenso talento. Era una mujer de mucho carácter. Ella era una artista y tenía muy claro que el piano debía ser el centro de su atención; a pesar de que tuvo una agitada vida doméstica, su arte nunca sufrió abandono. Fue una buena hija, hermana, esposa, madre, compositora, cantante, amiga y maestra, nunca desmayó en ninguna de sus responsabilidades.

 

¿Cuál podría decir usted que es el legado de Teresa Carreño?

La visión de alcanzar una meta artística y saber que eso solo se logra con una disciplina gigantesca, trabajo arduo y dedicación. Ella decía que no es posible alcanzar esa altura artística si no se trabaja durísimo, nada se alcanza sin trabajo. Creo que ese es su mayor legado para los venezolanos, el que haya logrado estar en los más grandes escenarios como fruto de su talento, autenticidad, honestidad y constancia.

Un dato curioso y hermoso sobre Teresa Carreño que nos muestra que ha sido admirada y valorada entre las estrellas mundialmente, es que la Asociación Astronómica Internacional (UAI, por sus siglas en inglés), en 1991, denominó Teresa Carreño al cráter de latitud -3, longitud 16.1, diámetro 57 del planeta Venus[19]

 

¿Y desde el punto de vista musical?

Están las grabaciones que logró realizar en su época, aunque no son muy nítidas, creo que no recogen las sutilezas que debió tener en sus ejecuciones. También escribió un libro para el uso del pedal en el piano que forma parte importante de su legado. Y, por supuesto, sus composiciones.

Para nosotros los venezolanos es importante mantener contacto con el pasado, siempre creemos que solo existe el hoy, pero nosotros no salimos de la nada y Teresa Carreño no está tan lejos en el tiempo, solo que la vemos en sepia y no en tecnicolor, apenas son cien años de su muerte, eso no es mucho.

La técnica pianística viene del siglo XIX, así que nosotros los pianistas siempre estamos conectados con el pasado y con nuestros antepasados, de cierta manera tenemos relación. Ella estudió en Paris con un alumno de Chopin, ese alumno de Chopin le dio clases al maestro de mi maestra, Phyllis Sellick. Eso me hace a mí, en cuarta generación, alumna de Chopin, y a Teresa Carreño, en segunda generación, pupila del gran pianista polaco. Para nosotros, como pianistas, es importante el culto a la personalidad, por la importancia que tiene la transmisión de conocimientos por parte de los maestros. Entonces, la conexión no es tan lejana.

 

¿Habría que revalorar el legado de Teresa Carreño en Venezuela?

Anteriormente había un concurso que llevaba su nombre, quizá se podría reactivar. Pienso que el trabajo que hicieron Laura Pita y Juan Francisco Sans en la recopilación de sus obras es de gran importancia. Aunque en ese concurso inicialmente no se tocaban piezas de Teresa Carreño, podría ser una oportunidad para poner en contacto a las nuevas generaciones con sus obras y así aprovechar ese material.

 

¿En qué países de Europa existe una conexión cercana con la obra de Teresa Carreño?

 

Mi CD de quince obras deTeresa Carreño es constantemente oído en radios internacionalmente hablando. La BBC Radio Clásica (3) ha puesto piezas de ese CD unas cinco veces este año, por ejemplo.  No sabría decirte con exactitud dónde aún se ejecutan sus obras. Lo interesante es que en Inglaterra se mantienen frescas sus composiciones, entre otras cosas, gracias al Concurso Teresa Carreño para Jóvenes Pianistas del Royal College of Music. El concurso tiene como primer premio realizar un recital en el Bolívar Hall de Londres. Se realiza desde la década de los 70 del siglo XX, gracias a la iniciativa de quien fuera en ese entonces embajador de Venezuela en Inglaterra, el doctor Salcedo Bastardo y el periodista Carlos Díaz Sosa.

 

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Entrevista a Clara Rodriguez sobre Teresa Carreño en El Universal

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La “Leona del Piano”, Teresa Carreño, a 100 años de su fallecimiento

El 12 de junio de 1917, murió en Nueva York la venezolana más universal del siglo XIX: Teresa Carreño, la eximia pianista que hizo mella.


  • ANA MARÍA HERNÁNDEZ G.

11 de junio de 2017 01:12 AM

La “Leona del Piano”, Teresa Carreño, a 100 años de su fallecimiento

María Teresa Geretrudis de Jesús Carreño García de Sena, simplemente Teresa Carreño. Mañana, 12 de junio, se conmemoran 100 años de su fallecimiento, acaecido en Nueva York.

A propósito de este hecho, vale la pena recordar aspectos de la vida de esta imponente mujer, y para ello, dos conocidas pianistas venezolanas, Mariantonia Palacios y Clara Rodríguez, además especialistas e intérpretes de la obra de la Carreño, nos guiarán con sus saberes sobre esta maravillosa mujer, hija del no menos notable Manuel Antonio Carreño -el del Manual de Urbanidad.

Clara equipara a Teresa como “un genio nuestro, que luchó incansablemente por el piano, por hacer música de la mejor manera posible, que no desmayó ni un instante sino hasta su muerte. Fue un personaje central del piano, justo en la época de mayor auge de ese colosal instrumento. Su técnica, pasión, inteligencia, poder, brillo, constante estudio y la búsqueda de la perfección de la expresión musical al tocar, la mantuvieron en el tope, al lado de los más grandes que la admiraron enormemente”.

“Era Liszt con falda”, resume Mariantonia, y es que para la época, el compositor y pianista austro-húngaro tenía mucha fama, no solo por la música que hacía sino por su modo de interpretarla: con fuerza y entrega. “Teresa debe haber tocado con mucha pasión, mucho guáramo”, retoma Palacios.

En las piernas de Lincoln

El 1 de agosto de 1862, Manuel Antonio Carreño salió con su familia directo a Estados Unidos, bajo la premisa de encontrar un profesor de piano para la pequeña Teresa, de apenas 9 años de edad.

Mariantonia sostiene que en realidad salieron debido a problemas políticos. En 1862, el entonces presidente José Antonio Páez delega el poder en Pedro José Rojas. Manuel Antonio Carreño era el ministro de Hacienda, pero dimite. Era el fragor de la Guerra Federal, y Carreño sale de Venezuela con una tropa consistente en “la abuela de Teresa, los padres, el hermano, un tío con su esposa e hijos, además de los sirvientes. Es mucha gente para ir a buscar un profesor para la niña -subraya Mariantonia-. El obituario del papá de Teresa, que publicó Le Ménestrel de París, en agosto de 1874, dice que había fallecido el excelente profesor de piano oriundo de Venezuela, y que había salido de su país por problemas políticos”.

Para Clara, la vida de Teresa “es apasionante desde el comienzo. La educación que recibió de su padre, quien fue considerado uno de los mejores profesores de piano de Francia, el candor de su niñez y adolescencia visto a través de las grandes obras que compuso. Lo difícil que ha debido ser para ella ser mujer, profesional, artista, madre, esposa”, expresa.

De pequeña, Teresa conoció en Estados Unidos a figuras de la talla de Louis Moreau Gottshalk y Anton Rubinstein. Tocó en varias salas importantes, como el Carnegie Hall, entre otras, y en 1863 tocó para el presidente Abraham Lincoln en audición privada, y de allí es de donde se origina la célebre anécdota de la pequeña Teresa en las piernas de Lincoln.

150 conciertos al año

Teresa Carreño nació en Caracas el 22 de diciembre de 1853. Entre los años 1872 y 1885, la pianista trabajó arduamente como integrante de una compañía de artistas por todo Estados Unidos.

“Después de haber sido niña prodigio y hacer una carrera brillante, Teresa se vio en la necesidad de actuar en compañías itinerantes y llegó al tope como pianista y cantante -relata Mariantonia-, hizo hasta 150 conciertos al año, es decir, uno cada dos días. Tocó en el lejano oeste. En una oportunidad viajaba en barco y naufragó, y para poder afinar el piano empleó una pinza de cejas. A los 19 años se enamoró de un violinista, Émile Sauret, y tuvo una hija, Emilia”, prosigue Palacios, y cuenta que a la Carreño la conocían con motes como “La Leona”, y luego como “La Walkiria del piano”.

Una amiga cercana se hizo cargo de la niña, y llegó un punto en el que le propuso a Teresa que mejor se quedaba con la niña, pero que debía firmarle documentos en los que la pianista renunciaría por siempre a ver a su hija Emilia.

En 1885, Teresa Carreño regresó a Venezuela, y después estuvo en 1887. Durante esos años, realizó conciertos en el Teatro Guzmán Blanco, hoy Municipal, estrenó su Himno a Bolívar, compuso un Himno a Guzmán, y hasta condujo una temporada de ópera.

“Ella sufrió un gran desencanto en su segundo viaje a Caracas, por los problemas políticos del momento, y por la pacatería de la alta sociedad que todavía la veían como la hija de una Del Toro que se había casado con alguien de inferior rango, y quien además estaba relacionada con Guzmán Blanco cuyo gobierno había caido en desgracia”, relata por su parte Clara Rodríguez.

A debutar en serio

Cansada Teresa Carreño de los dime y diretes de la política venezolana, decide que ya es hora de hacer una carrera seria, que no implicaba ir a Estados Unidos (todavía no era la meca cultural de hoy en día), por lo que la opción natural era Europa. El marido, Giovanni Tagliapietra no se anima a ir, por lo que Teresa, matrona y echada para adelante, agarra a sus dos hijos, Teresita y Giovanni, y se embarca rumbo a Alemania en 1889, acompañada por su cuñado Arturo Tagliapietra.

“Su vida de maestra la realizó plenamente hacia su madurez cuando vivía en Alemania, y le decía a sus alumnos: ‘¿cómo realizar lo extraordinario sin trabajar arduamente?’. Realmente Teresa Carreño trazó un camino profundo e importante para los pianistas, inclusive de hoy, ya que el arte del piano se basa mucho en lo que se hizo en su época. Se habla de la belleza de su sonido, de sus trinos, de la manera en que utilizaba el pedal”, acota Clara.

Mariantonia habla de las críticas que reseñó la prensa de la época sobre los conciertos dados por Teresa, en donde se refieren a su modo de tocar “como un hombre, Liszt con faldas”, y es que “normalmente el mánager era quien disponía el piano en el escenario, y la banqueta, y Teresa lo hacía por su cuenta. Luego, tocaba con mucha pasión, sin dejar de ser femenina. He escuchado grabaciones de ella donde se aprecia ese modo de tocar”.

Clara cita a Henry Wood, el creador de los conciertos Proms de Londres: “Es difícil expresar adecuadamente lo que todos los músicos sentían por esta gran mujer. En el instante en que caminaba sobre el escenario, su firme dignidad mantenía a su audiencia en vilo, que la observaba con gran atención mientras ella arreglaba la larga cola de los elegantes vestidos que usaba. Su vigor masculino en el sonido, su touché y su maravillosa precisión al ejecutar pasajes de octavas, dejaban a todos pasmados”.

@amhg_periodista

Teresa Carreño, la gran pianista venezolana por Clara Rodriguez

Este año Clara Rodríguez tocará varios conciertos dedicados a la memoria de la pianista venezolana Teresa Carreño (Caracas, 22 de diciembre de 1853 – Nueva York, 12 de junio de 1917), quien también fue cantante y compositora y  quien fuera descrita a lo largo de su vida como “Liszt en faldas”, “La emperatriz del piano”, “La valquiria del piano”

Teresa Carreño fue una de las más exitosas y admiradas pianistas de los siglos XIX y principios del XX, tocando conciertos alrededor del mundo y componiendo desde los 6 años de edad un total de 70 obras para piano; Muchas de ellas se publicaron en Europa y en los Estados Unidos.

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Teresa Carreño representó a la tercera generación de niños prodigios que habían ejercido la posición de “músicos meritorios”, carreras comenzadas desde por lo menos los 6 años de edad en la Catedral de Caracas como cantantes solistas, organistas y ejecutantes de instrumentos de cuerda y fue la primer músico de su familia en ganar reconocimiento fuera de Venezuela gracias a su primera presentación pública a los 8 años de edad, en el “Irving Hall” de Nueva York, el 25 de noviembre de 1862.

Era la tercera de los cinco hijos de Manuel Antonio Carreño (nacido el 17 de junio de 1813 ), conocido principalmente como abogado y ministro de finanzas y quien escribió el famoso Manual de urbanidad y buenos modales en 1853. Manuel Antonio era también músico y escribió unos 500 ejercicios para su hija los cuales ella tocaba regularmente en todas las tonalidades, logrando grandes beneficios y facilidad técnica desde temprana edad . También le enseñó armonía y composición.
La madre de Teresa Carreño, nacida de dos familias revolucionarias de Venezuela, era Clorinda García de Sena y Toro, pariente de la esposa de Simón Bolívar y del Marqués del Toro. El tío-abuelo de Teresa Carreño fue Simón Rodríguez, el maestro de Simón Bolívar y quien ejerciera gran influencia sobre El Libertador.

6.Teresa Carreño-niña. Boston 1863Teresa Carreño. Boston. USA. 1863

Al ver las habilidades musicales de Teresa Carreño y de tener la sensación de que su futuro debía trascender círculos más grandes, Gertrudis, su emprendedora abuela , vendió sus propiedades en Venezuela y en 1862 la familia se trasladó a Nueva York.
En ese entonces, Teresa Carreño fue escuchada por Louis Moreau Gottschalk, quien quedó muy impresionado por su estilo y se ofreció a darle lecciones, Teresita mostró a lo largo de su vida un gran respeto, cariño y admiración por el pianista.

5.Teresa Carreño. La Habana 1864Teresa Carreño. La Habana 1864

Al año siguiente, en 1863, en el mes de enero, se presentó en Boston y luego viajó a Cuba con su familia. Más tarde en el mismo año recibió una invitación de la Casa Blanca para tocar para el presidente Abraham Lincoln y su familia – ella encontró que el piano estaba “muy desafinado” pero que había sido una tarde “divertida”. También se sintió realmente orgullosa de ver su primera composición titulada “Gottschalk Waltz”, publicada. Dicha publicación se agotó tres veces en un año.

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Teresa Carreño y su familia se marcharon a Europa en marzo de 1866, el viaje fue una verdadera odisea, terriblemente difícil por mares muy agitados, en un barco defectuoso y en una ocasión tuvieron que inclusive cambiar de buque. Cuando finalmente llegaron a Inglaterra, permanecieron allí por un breve tiempo para luego seguir a París, en donde se instalaron. En la capital francesa fue muy bien acogida por los artistas más famosos, por la aristocracia de todos los salones y por las salas de conciertos más prestigiosas. Madame Erard y Rossini se aseguraron de que tuviera las mejores oportunidades para conocer a los músicos más admirados de la época, como Franz Liszt, quien llegó al salón de Madame Erard acompañado por el joven Camille Saint-Saëns y después de oír a la niña y poner sus manos sobre su cabeza le dijo: “Tienes un regalo enviado por Dios: Genio. Trabaja duro, desarrolla tu talento, sé fiel a ti misma y con el tiempo serás uno de nosotros.” Ofreció darle clases en Roma, pero su padre no pudo organizar ese viaje. Durante su tiempo en París, también tocó para Berlioz, ganó la admiración de Gounod y tuvo una amistad duradera con Blandine Ollivier, una de las hijas de Liszt.
En 1866, Teresa Carreño perdió a su madre quien murió víctima del cólera. En ese momento escribió seis elegías y tocó conciertos vestida de negro. Los críticos dijeron que cada nota que tocaba era como una lágrima de tristeza por su pérdida. Luego viajó a España con su padre y tocó conciertos en Madrid y Zaragoza. Toda España fue a escucharla excepto la familia Toro que consideraba que su madre, Clorinda, se había casado con un hombre de inferior rango social.

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Una gran parte de su obra fue publicada en París durante las décadas de 1860 y 1870 por Heugel.

Al mismo tiempo, en la ciudad Luz, el gran maestro Georges Mathias, discípulo de Chopin, se ofreció para enseñarle a la adolescente los secretos del arte de tocar el piano.

Teresa Carreño viajó a Inglaterra donde Charles Hallé la presentó a la Princesa de Gales y tocó también en las salas de conciertos Queen Rooms de Hanover Square, donde Anton Rubinstein fue a escucharla; Desde entonces se convirtió en su maestro. Él la llamaba “Mi Sol” y “Bebé”.

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En Londres así mismo tocó largas temporadas en el Covent Garden Theatre dirigido por Arthur Sullivan.
A la edad de veinte años Teresa Carreño se casó con el violinista francés Émile Sauret (1852 -1920). En 1874 tuvieron una hija, Emilita, que con mucha tristeza y pesar fue dada en adopción en Inglaterra; Su esposo la había abandonado y no podía ofrecer seguridad ni sustento al bebé. Su padre, Manuel Antonio, murió en París en agosto del mismo año; el periódico Le Ménestrel publicó una nota en donde decía que había sido uno de los maestros de piano más solicitados de Francia.

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Ella se trasladó a los Estados Unidos y continuó viajando y tocando incansablemente durante los años 70 y 80, pero deseaba un cambio en su vida artística y comenzó una carrera como cantante de ópera, debutando en Nueva York, en 1876, en el papel de Zerlina del Don Giovanni de Mozart. Ya en París el mismo Rossini había presentido que el talento de  Teresa Carreño para el belcanto sería algún día desarrollado. Su cambio hacia la ópera fue breve, intenso y muy exitoso.

Durante este tiempo se casó con su segundo marido, Giovanni Tagliapietra, un barítono nacido en Italia que bebía demasiado, sentía envidia del talento de su esposa haciéndo de la vida conyugal un tormento para Teresa. Tuvieron dos hijos: Teresita y Giovanni. En su edad adulta, Teresita se convirtió en una famosa pianista y Giovanni en cantante. Durante estos años, Teresa Carreño entabló amistad con Edward MacDowell, y promovió su música en los EE.UU. y en Europa y siempre contó con la amistad de la madre del compositor. Edward MacDowell le dedicó su segundo concierto para piano el cual ella insistía en tocar aún y cuando no fuera el favorito de los directores de orquesta.
En 1885, Teresa Carreño regresó por primera vez a su lugar de nacimiento, Venezuela. Allí actuó en conciertos y también compuso un himno en homenaje a Simón Bolívar. Al año siguiente, en su segundo viaje a Caracas, llevó una compañía de ópera, dirigió la orquesta y en ocasiones cantó también. Les Huguenots, Rigoletto, Norma y Carmen eran parte del afiche de la temporada la cual llegó a un final no muy feliz ya que la oposición de aquel momento tomó como blanco para hacer sus protestas el teatro en donde se efectúaba dicha temporada de ópera, ésto unido al rechazo de la alta sociedad caraqueña hacia ella porque decían que era pariente de Antonio Guzmán Blanco, político caído en desgracia en ese entonces le debe haber causado gran tristeza. Teresa Carreño nunca más se refirió al ese infortunado capítulo.

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Teresa Carreño regresó a Europa y empezó a tocar el piano otra vez en 1889, dando un nuevo impulso a su carrera musical. Pasó un verano en París y luego se mudó a Berlín donde se instaló. Hizo su primera actuación con la Filarmónica de Berlín, interpretando el Concierto para piano de Grieg recibiendo muchos elogios del propio compositor. En otra ocasión, en Varsovia, fue el mismo Edward Grieg quien la dirigió, él sentía profunda admiración por la pianista venezolana.
Entre 1892 y 1895 se casó con el pianista Eugen d’Albert, y juntos tuvieron dos hijas, Eugenia y Hertha. Teresa Carreño le dió gran apoyo a su marido, tocando sus composiciones y acompañádolo a sus conciertos; ella no recibió de él ese respaldo moral.

Eran dos grandes pianistas y compositores viviendo intensamente sus vidas y carreras artísticas bajo un mismo techo. El temperamento explosivo de ella no caló con el cinismo y -creo que hay que decirlo- machismo del pianista alemán.

Con un poco de humor la prensa reseñó en un momento:

“Ayer Frau Carreño dió la primera audición del segundo concierto de su tercer marido en el cuarto concierto de la Filarmónica.”

Después de un divorcio acrimonioso durante el cual el pianista quiso inclusive internarla en un manicomio con tal de no pagar la educación de sus hijas,  Teresa Carreño se dedicó a la composición escribiendo un cuarteto de cuerdas y una serenata.

“Uno nunca puede casarse demasiado tarde ni divorciarse demasiado pronto” se le oyó decir en un momento de amargura.
Comenzó a enseñar el piano y fue muy querida por sus estudiantes de Berlín, escribiendo un libro sobre la técnica de pedal.

Continuó actuando como solista con muchas de las principales orquestas europeas así como en recitales; su repertorio era muy impresionante e incluyía las Sonatas y conciertos de Beethoven, obras de Schumann como la Fantasía y los Etudes Symphoniques, las Baladas y Scherzi de Chopin, los grandes conciertos románticos; también sus propias transcripciones de ópera y sus valses.

En 1902, tomó la decisión de casarse con Arturo Tagliapietra, hermano de su segundo marido; Durante este período viajó a Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda.
Una vida llena de arduo trabajo y grandes emociones la agotaron físicamente.  En un viaje a Cuba comenzó a sufrir de diplopía, aún así ella tocó un concierto con sus ojos cerrados pero debió regresar a su casa de Nueva York en donde murió el 12 de junio de 1917. Gracias a grandes esfuerzos de su discípula y biógrafa Marta Milinowsky, sus cenizas fueron luego repatriadas a Venezuela y guardadas en el Panteón Nacional de Caracas.

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Teresa Carreño realizó varias presentaciones en los conciertos de Promenade de Henry Wood (Proms). Este escribió  en sus memorias: “Es difícil expresar adecuadamente lo que todos los músicos sentían por esta gran mujer que parecía una reina entre los pianistas y tocaba como una diosa. En el instante en que caminaba sobre el escenario, su firme dignidad mantenía a su audiencia en vilo que la observaba con gran atención mientras ella arreglaba la larga cola de los elegantes vestidos que usaba habitualmente. Su vigor masculino en el sonido, su touché y su maravillosa precisión al ejecutar pasajes de octavas dejaban a todos pasmados”.

El pianista Claudio Arrau recordó con alegría que él la había escuchado muchísimas veces en conciertos en Europa exclamando: “¡Oh! ¡Era una diosa!

Clara Rodríguez ha grabado un CD que contiene quince de las obras de Teresa Carreño para Nimbus Records (NI 6103) que ha sido internacionalmente elogiado por los críticos y el cual es a menudo reproducido en la radios incluyendo las estaciones de la BBC. El crítico Jeremy Nicholas de Gramophone Magazine escribió:

“Esta música necesita un espíritu de lleno de empatía para mostrarlo a su mejor luz y Clara Rodríguez ofrece interpretaciones de fascinante vivacidad aliadas al requisito más esencial de CHARM”.
Altamente recomendable”

https://www.gramophone.co.uk/review/clara-rodriguez-plays-teresa-carre%C3%B1o

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A Citizen of the World, The Venezuelan Pianist, Teresa Carreño by Clara Rodriguez

518tBu2ogTL._SS135_SL160_Clara Rodriguez has recorded a CD containing fifteen of works by Teresa Carreño for Nimbus Records NI 6103 which has been internationally praised by reviewers and is often played on radio networks including the BBC stations. The critic Jeremy Nicholas from Gramophone Magazine wrote:

“This music needs an empathetic spirit to show it to its best advantage and Clara Rodriguez provides performances of alluring vivacity allied to that most essential of requisites-CHARM.”
Highly recommended” https://www.gramophone.co.uk/review/clara-rodriguez-plays-teresa-carre%C3%B1o
Clara Rodriguez is also working on an edition of Fifteen Piano Works by Teresa Carreño that will shortly be available from Spartan Press.

This year Clara Rodriguez will be playing a number of concerts in memory of the Venezuelan pianist Teresa Carreño (Caracas December 22, 1853 – New York June 12, 1917) who was also a Singer and a Composer and who was variously described throughout her life as “Liszt in petticoats”, “The Empress of the piano”, “The Valkyrie of the piano”

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Teresa Carreño was one of the most accomplished pianists of the nineteenth and twentieth century, giving performances and concerts all over the world. She composed, since the age of 6 a total of 70 works for the piano; many of them were published in Europe and in the USA during her lifetime.
She represented the third generation of child prodigies that had held the position of “meritorious musicians” from at least 6 years of age in the Cathedral of Caracas as singer-soloists, organists and string players and was the first musician of her family to gain recognition outside Venezuela from her  highly acclaimed debut at 8 years of age, at the “Irving Hall”, New York, on November 25, 1862. She was the third of five children of Manuel Antonio Carreño (born June 17, 1813), mainly known as lawyer and minister of finance in Venezuela, who wrote an influential and widespread Manual of urbanity and good manners in 1853, Manuel Antonio was a trained musician too and wrote 500 exercises for his daughter that she played regularly in all keys, achieving great technical ease from an early age. He also taught her harmony and composition.

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Teresa Carreño’s mother was Clorinda García de Sena y Toro a relative of Simon Bolívar’s wife and her great-grand uncle was Simón Rodríguez who exerted great influence on Simón Bolívar and his quest to liberate South America.
Seeing Teresa Carreño’s musical abilities and feeling that her future should transcend in bigger circles, Gertrudis, her enterprising grandmother, sold her properties in Venezuela and in 1862 the family moved to New York.
It was during this time that she was heard by Louis Moreau Gottschalk, who was very impressed by her playing style and volunteered to give her lessons, Teresita showed throughout her life great respect and admiration for the pianist.

5.Teresa Carreño. La Habana 1864Teresa Carreño. La Habana 1864

The following year, in 1863, she performed in Boston, and then travelled to Cuba with her family. Later in the same year an invitation came from the White House to play for President Abraham Lincoln and his family – she found that the piano was “out-of-tune” but that it had been a “fun” afternoon. She also felt really proud to have her first composition titled “Gottschalk Waltz” published which sold many copies in a short time.

6.Teresa Carreño-niña. Boston 1863Teresa Carreño. Boston. USA. 1863

Teresita

Teresa and her family left for Europe in March, 1866 in a terribly difficult voyage over rough seas and on an occasion having to change vessels. When they finally reached England they remained there for a brief time to then travel to Paris where they settled. In the French capital she was made to feel welcome by the greatest artists playing in all the most prestigious salons and concert halls. Madame Erard and Rossini made sure she had the best opportunities to meet the most admired musicians of the time such as Franz Liszt who came to the salon accompanied by the young Camille Saint-Saëns, and after hearing the child and putting his hands on her head, said: “You have a God’s sent gift: Genius. Work hard, develop your talent, be true to yourself and in time you will be one of us” He offered to teach her in Rome but this was not possible to organize by her father. During her time in Paris, she also played for Berlioz, won the admiration of Gounod and had a lasting friendship with Blandine Ollivier, one of Liszt’s daughters.

In 1866, Teresa lost her mother who became a victim of cholera. At this time she wrote six elegies and played concerts wearing black. The critics said that every note she played was like a tear of sadness for her loss. She then travelled to Spain with her father and played concerts in Madrid and Zaragoza.
A large body of her work was published in Paris during the 1860s and 1870s by Heugel who was another admirer of her talent. The great teacher Georges Mathias, pupil of Chopin’s, volunteered to teach the girl giving her very important secrets of the art of piano playing.

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Teresa Carreño went to England where Charles Hallé introduced her to the Princess of Wales playing also in the Queen’s Concert Rooms of Hanover Square where Anton Rubinstein came to hear her; from then on he became her mentor and teacher. He used to call her “My Sunshine” and “Bebé”.
In London she also played long seasons in the Covent Garden Theatre conducted by Arthur Sullivan.

At the age of twenty Teresa Carreño married the French violinist Émile Sauret (1852 –1920). In 1874 they had a daughter, Emilita, who with much sadness and regret was given in adoption in England; her husband had abandoned her and she could not offer any security to the baby. Her father, Manuel Antonio, died in Paris in August of the same year. The newspaper Le Ménestrel said that he had been one of the most sought after piano teachers of France.

She moved to the USA and went on indefatigably touring during the 70s and 80s but she wished for a change and started to pursue a career as an opera singer, debuting in New York, in 1876, as Zerlina, in Mozart’s Don Giovanni. Her switch over to opera was brief and successful. During this time she married her second husband, Giovanni Tagliapietra, an Italian-born baritone who drank too much and was jealous of his wife’s talent. They had two children—Teresita and Giovanni; Teresita became a famous pianist later in her life. During these years she became acquainted with Edward MacDowell. She championed his music in the USA and in Europe. MacDowell dedicated his Second Piano Concerto to her. She made a point of playing this concerto even if it was not favoured by many of the conductors or critics of the time!

In 1885 and in 1886, Teresa visited her birthplace, Venezuela. There she performed in concerts and also composed a hymn in tribute to Simón Bolívar.
She also managed an opera company and conducted the orchestra, in occasions singing as well. Les Huguenots, Carmen, Rigoletto and Norma were favourites.

Teresa returned to Europe and started to perform the piano again in 1889, giving a new boost to her music career. She spent a summer in Paris and with money lent by her USA friends she could moved to Berlin where she settled, she had been dreaming of finding a public and a country that understood and loved classical music. Teresa gave her first performance with the Berlin Philharmonic, playing Grieg’s Piano Concerto receiving much praise from the composer himself, “Madam I never knew that my music was so beautiful” He also conducted her in different occasions.
Between 1892 and 1895 she was married to pianist Eugen d’Albert, and together they had two daughters, Eugenia and Hertha.

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In Germany, women were not treated as equals and although Carreño gave ample support to her husband by playing his compositions wherever she went and being present in his most important concerts he did not return her kindness; two great pianists together under one roof did not make for a happy home.

There was room in the press for some humour though:
“Yesterday Frau Carreño played for the first time the second concerto by her third husband during the fourth Philharmonic concert”

Teresa’s explosive temperament next to d’Albert’s sarcasm resulted  in a third divorce for Carreño; He tried every trick possible to avoid his responsabilities towards the maintenance to their daughters, even trying to have her locked-up in a mental institution.

In a bitter moment she would tell a friend: “One can never marry too late or divorce too soon!”

She turned to composition for solace and during her summer holidays, wrote a string quartet and a serenade.

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Teresa Carreño started teaching the piano and was much loved by her Berlin students, her Berlin sons and daughters, writing also a book on pedalling technique.

She also continued to perform with many major European orchestras. Her repertoire was very impressive and included the Beethoven Concertos and Sonatas, Schumann Fantasy and Etudes Symphoniques, Chopin Concertos, Ballades and Scherzi, and also her own opera transcriptions and waltzes.

In 1902, she took the decision to marry Arturo Tagliapietra, her second husband’s brother; and travelled to South Africa, Australia and New Zealand.
She ignored her optitian’s warnings that she should stop playing and take a rest. In a trip to Cuba she suffered an eye haemorrhage and died on the 12th of June 1917 in her New York home. Her ashes were later repatriated to Venezuela and are kept at the Panteón Nacional in Caracas.

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She performed several times at the Henry Wood’s promenade concerts. He wrote in his memoires: “It is difficult to express adequately what all musicians felt about this great woman who looked like a queen among pianists – and played like a goddess. The instant she walked onto the platform her steady dignity held her audience who watched with riveted attention while she arranged the long train she habitually wore. Her masculine vigour of tone and touch and her marvellous precision on executing octave passages carried everyone completely away.”

Pianist Claudio Arrau recalled the joy of once hearing her performance by exclaiming, “Oh! She was a goddess!”

Brahms on Carreño: “You are not a lady pianist you are a MAN pianist”

@Clara Rodriguez