Chopin Concerto No 1 in E minor performed by Clara Rodriguez

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Chopin Concerto No 1 in E minor

SATURDAY 7 FEBRUARY 2015 at 7.30 pm

Clara Rodriguez, soloist
Marc Dooley, conductor
Kew Sinfonia

St Anne’s Church, Kew

St. Anne’s Church, Kew Green, Kew, Richmond
Kew Sinfonia  poster Feb15x
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Clara Rodríguez: “Vamos a hacer el Schumann”

Prensa FundaMusical Bolívar
Esa fue la frase con la que el maestro José Antonio Abreu invitó a la pianista venezolana Clara Rodríguez a tocar de nuevo en su país. La solista caraqueña, residenciada desde hace muchos años en Londres, se reencuentra así este jueves 31 de julio por tercera vez con la Sinfónica Simón Bolívar

Clara Rodriguez “Vamos a hacer el Schumann”

Cada vez que alguna de las orquestas y coros de El Sistema recorre distancias hasta otros países y continentes no solo está mostrando el arduo trabajo musical hecho en casa. Se convierte en una valiosísima plataforma para el intercambio cultural, por supuesto, pero también en una no menos importante oportunidad: la del reencuentro entre colores, recuerdos, raíces y calor humano entre venezolanos. Así ocurrió en el caso de la prominente pianista venezolana Clara Rodríguez, quien este jueves se adueñará de la Sala Simón Bolívar del Centro Nacional del Centro de Acción Social por la Música (Cnaspm) con el Concierto para piano y orquesta en la menor Op. 54de Robert Schumann. Esta caraqueña es la primera en el público en los conciertos de las agrupaciones de El Sistema en la capital británica, y el pasado mes de junio, cuando la Sinfónica Juvenil Teresa Carreño de Venezuela (SJTCV) volvió a Londres (Inglaterra), no fue la excepción.

“Después del concierto tuve un encuentro muy emocionante con el maestro José Antonio Abreu y me preguntó cuándo venía a Venezuela y qué quería tocar. Le dije que tenía preparado el Ravel y el Schumann, y me dijo: ´Vamos a hacer el Schumann´”. Esta deferencia e invitación no es solo por la raíces en común. A pesar de que Rodríguez se formó como pianista fuera del perímetro creado por El Sistema, está unida inexorablemente a su existencia: fue testigo en la década de 1970 cuando el maestro Abreu, “jovencito”, llegó a una de sus clases de armonía con el director del conservatorio Juan José Landaeta, Ángel Sauce, a conversar con él sobre “su proyecto de orquestas”; luego, alrededor de 1982, la primera concreción de esa visión, conformada como Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, le acompañó en su primer concierto solista con orquesta en la sala José Félix Ribas del Teatro Teresa Carreño; más adelante, en la década de 1990, se juntaron nuevamente en el escenario con el Concierto para piano y orquesta de Federico Ruiz. Esta elegante y delicada pianista venezolana que en 1980 fue a estudiar al Royal College of Music de Londres y que hoy es profesora de esa prestigiosa institución, ha consolidado una importante carrera como solista. Ha recorrido el mundo con las teclas como equipaje, y también, por supuesto, con un sólido repertorio barroco, clásico y romántico. Sin embargo, su principal pasaporte ha sido la música venezolana, y así lo ha dejado establecido en sus ocho producciones discográficas, cinco de ellas con el reconocido sello inglés Nimbus.

¿Cómo posiciona usted al Concierto en la menor de Schumann dentro del repertorio para piano?

Se considera la columna vertical del repertorio pianístico romántico. El primer movimiento es muy lírico, la orquesta tiene muchos solistas. Es de gran belleza. Schumann estaba muy enamorado de Clara, quien se convertiría en su esposa. Se lo escribió a ella. Siempre hay jueguitos de ternura, pasión, amor. Es una obra muy completa; la cadenza es casi una tocata estilo Bach. Con él Schumann se sale de los patrones que venían de Mozart, Beethoven, aunque conserva texturas.

Se reencuentra con la Sinfónica Simón Bolívar después de muchos años, ¿qué significa para usted estar acá, en la Sala Simón Bolívar, con una orquesta que pertenece a un movimiento vio nacer?

Me siento en casa… totalmente feliz de poder tocar en casa con esta orquesta maravillosa. Cada vez que ellos van a Londres, voy a los conciertos. La primera vez que tocó la Sinfónica Simón Bolívar en Los Proms, la BBC me llamó para comentar la transmisión del concierto en la radio porque me relacionan con El Sistema por ser pianista y venezolana. Entonces para mí, estar aquí hoy, después de que en los ´90 también toqué con ellos el primer Concierto para piano y orquesta de Federico Ruiz, y después de haber tocado en febrero de este año con la Sinfónica de Juventudes Francisco de Miranda, es genial. Esta invitación para tocar el Schumann es otro reencuentro. Además, trabajar con el director Jordi Mora ha sido excelente. Es un músico que reflexiona mucho sobre las frases, la dirección de la música, hacia donde va cada cosa. Hemos trabajado muy bien juntos.

A pesar de que ha viajado por el mundo con sus conciertos de piano solo y el repertorio académico de su instrumento, nunca ha dejado fuera la música de su país…

Sí, en Venezuela hay varios colegas que se han encargado de trabajar con nuestra música. Mi trabajo se ha enfocado en internacionalizarla; la he grabado con sellos internacionales. Creo que el primer disco de piano solo hecho fuera del país con repertorio popular, fue el que hice de Moisés Moleiro, de 75 minutos. En ese momento el público extranjero decía: “¿Venezuela, música venezolana?”, pero a ellos y a la crítica les fascinaba lo que escuchaban. Cuando yo me presentaba en diferentes países; Egipto, India, Siria, Túnez, lo hacía con eso, que era música que nadie conocía, claro que combinada con música clásica. Siempre me preguntaba cómo la iban a recibir. En ese momento era quizás un discurso un poco político, porque Venezuela no era conocida. Estamos hablando antes de que El Sistema fuera muy conocido, antes de que la Simón Bolívar fuera a los Proms la primera vez. Yo siento ese momento crucial, porque la gente comenzó a saber que Venezuela tenía música, y eso, incluso para mi trabajo, ha sido muy importante. Venezuela es reconocida ahora afuera por el éxito de las orquestas, y como un país musical de altísimo nivel.

A propósito lo último que menciona y de la visión que le da vivir fuera del país, ¿cómo ve lo que está pasando musicalmente?

Es extraordinario. Creo que es lo más grande que ha sucedido en música a nivel internacional. Yo no creo que haya un movimiento más grande que este en el mundo. Desde afuera ves en las orquestas venezolanas energía, organización, talento… un muy, muy alto nivel, y la gente lo admira mucho. Sé que los estudiantes ingleses quieren muchísimo a El Sistema. Sé que son admirados y queridos por todo el mundo. Hay pocas palabras para describir lo que significa, porque que tengas cinco mil muchachos tocando en orquestas entre Guarenas y Guatire (de eso me enteré cuando toqué con la Sinfónica de Juventudes Francisco de Miranda), es impresionante. Verlo desde afuera es la alegría, colorido, pero eso es simbólico. Vivir lo que se hace detrás de eso es muy, muy importante, y musicalmente, excelente. Cuando lo ves desde adentro te das cuenta que estás dentro de un sistema educativo. Esto es una escuela y no solo de música. Y, además, El Sistema ha sabido llevar eso hasta todo el país… ¡Guasdualito! En cualquier pueblo o ciudad, por recóndito que sea, hay muchachos de 14 años locos por tocar Bach… ¡es increíble!

Usted da clases en el Royal College of Music, así que cuando dice que los estudiantes ingleses admiran mucho a los músicos de El Sistema, lo dice con propiedad, ¿qué cree que admiran?

Sí, lo veo en los conciertos y se me han acercado muchos diciéndome que quieren venir para acá. Saben que son muy buenos, excelentes y ellos saben lo difícil que es eso. También les gusta mucho su energía y vitalidad.

¿Cómo se siente usted cuando recibe y observa tales manifestaciones?

Pues yo estoy muy orgullosa… y justo ahorita casi no aguanto las ganas de llorar.

¿Quieres saber algo sobre la vida de Robert Schumann y su Concierto en La menor ?

Cuando yo era una niña me gustaba mucho leer un libro de Marcel Brion que me regaló mi padre de cartas entre Robert Schumann y Clara Wieck,  podía imaginar la intensidad de ese gran amor, lo romántico que parecía toda aquella creación de obras como Papillons o Carnaval con todos esos códigos secretos.

Ahora que he recibido una invitación del Sistema de Orquestas de Venezuela para tocar el Jueves 31de Julio el de Concierto en La menor Op. 54 quisiera compartir algunas fechas y hechos de la vida de Robert Schumann los cuales me acercan aún más a la obra y sentimientos de ese genial compositor.

Debo decir que me siento muy honrada por esa magnífica oportunidad que me brinda la Orquesta Simón Bolívar de tocar y con ellos bajo la dirección del catalán Jordi Mora.

Conozco bien el trabajo de finísima factura de nuestra gran orquesta y hace dos días tuve el encuentro con el maestro Mora, he quedado muy impresionada por sus maravillosas ideas sobre el fraseo y la construcción de la obra.

Robert Schumann nació en el año de 1810 en Alemania. Su padre era escritor de novelas con influencia de Walter Scott y de Lord Byron, fue también editor de un periódico y gran lector por lo que Schumann estuvo siempre rodeado de libros; de su madre sabemos que era la hija de un cirujano y que se oponía a que su hijo fuese músico por lo que el joven Robert se inscribió en la Universidad de Leipzig para realizar estudios de derecho. Allí conoció a dos de los grandes escritores de la época: Jean-Paul Richter y Heinrich Heine por los que sentía mucha afinidad.

En realidad a Schumann le gustaba mucho escribir “No estoy seguro de lo que soy” escribió en su diario, agregando “No creo que sea un pensador profundo pues nunca puedo desarrollar un pensamiento del principio al fin” Delante las grandes emociones que siente racciona como poeta y como compositor, sólo que cuando se trata de realmente expresarse, la música es su guía, él tiene la impresión de que las palabras se quedan cortas comparadas a la intensidad que le puede proporcionar la expresión musical. Son las imágenes poéticas, su abstracción y el sentimiento afectivo lo que mas le interesa.

Contrariamente al realismo que los artistas perseguirán mas adelante en la historia del arte, para Schumann como para la mayoría de los románticos, no es el arte el que pertenece a la vida cotidiana sino que la vida entera es una experiencia estética.

En 1830 su madre acepta que sea músico y el joven se instala en la casa de Friedrich Wieck (1785-1873) de quien comienza a recibir lecciones de piano.  Robert se dedica por entero al instrumento olvidándose de escribir su diario íntimo o de componer pero poco tiempo después le escribe a su madre para expresarle el deseo que tiene de ir a estudiar con Hummel, ya que “el viejo” Wieck sólo está dedicado a hacer de su hija Clara una gran pianista. En 1831 sigue algunos cursos de composisción con Heinrich Dorn (1804-1892)

En  1831 Schumann está entusiasmado con los escritos de E. T. A Hoffmann y por la obra de Chopin escribiendo en el Allgemeine musikalische Zeitung “Me quito el sombrero señores, Chopin es un genio!”

En 1832, abandona el objetivo de ser un concertista quizás debido a un procedimiento mecánico que realizó con la idea de mejorar su destreza, lamentablemente se le paralizaron algunos dedos de la mano derecha. Por este tiempo se interesa por la técnica de composición de Johann Sebastian Bach.

Por el año 1833 sus problemas mentales se agravan, él presentía esas crisis desde hacía mucho tiempo de manera esporádica pero comenzó a tenerlas  consecutivamente.

En 1834 funda una escuela de música la cual dirige practicamente solo durante diez años, la Neue Zeitschrift fur Musik. Ese mismo año se compromete con Ernestine von Fricken (1816-1844), una alumna de Wieck, ese compromiso fue roto en 1835 año en el que conoce a Chopin y a Félix Mendelssohn y comienza el romance con Clara Wieck quien tiene entonces 15 años.

Clara obtiene un gran éxito en Viena en 1838 en donde es nombrada virtuosa de la cámara imperial. El proyecto de Schumann de instalarse con ella y de editar su revista de crítica musical no se da. Friedrich Wieck se opone ferozmente a la unión de su hija con Schumann inclusive por medios de muy baja calaña, amenazando con desheredar a Clara y acusándolo a él de alcóholico. Robert y Clara acuden a la justicia y ganan el juicio. Se casan el 12 de Septiembre de 1840 en Leipzig. Tuvieron ocho hijos. Ese mismo año nombraron a Robert doctor de la Universidad de Jena por un ensayo sobre la música dentro del teatro shakespeariano.

En diciembre de 1843 Schumann acompaña a Clara a una gira de conciertos en Rusia donde es tratada su enfermedad pero agrava al regresar a Leipzig, ese mismo año vende su revista Neue Zeitschrift.

Con una pequeña mejoría entre 1845 al 1847 los Schumann van de gira artística por Viena, Brno, Praga, Berlin. La muerte de Félix Mendelssohn lo afecta particularmente y le dedica una de las piezas del Album de la Juventud. Entre 1850 y 1853 tiene el puesto de director de  la música en Düsseldorf, ciudad en donde reside en esos tres años pero su estado mental sigue deteriorandose.

El 27 de Febrero de 1845 durante una crisis de demencia se lanza en las heladas aguas del río Rhin de donde es salvado para luego ser internado cerca de Bonn donde muere el 29 de Julio de 1856, algunos investigadores dicen que no se sabe exactamente de qué enfermedad padecía, inclusive se ha llegado a decir que murió por el maltrato que recibió en el hospital.

La escritura pianistica de Schumann es muy personal, el virtuosismo que ella requiere es quizás menos “natural” que la de Liszt: los dedos no parecen estar a sus anchas completamente, los patrones, la geografía del teclado que hay que abordar y cómo hay que hacerlo es exigente y entrevesada. Fuerza, suavidad, elasticidad, acordes, juego polifónico son parte de las exigencias. Todo es puesto al servicio de un mundo afectivo complejo que incluye la calma y la poesía así como la violencia, lo grotesco y a veces verdaderos estados febriles.

Marcel Brion comenta que Schumann quizás no hubiera sido el prodigioso creador para piano que es, si cuando Wieck le prohibió ver y escribir a Clara, no hubiera hallado en este instrumento su solo lazo de unión con ella. “No creo –escribe- que exista un solo compás, nacido entre 1830 y 1840, en el que no estuviera incluido el pensamiento de Clara”.

Marcel Brion comenta que Schumann quizás no hubiera sido el prodigioso creador para piano que es, si cuando Wieck le prohibió ver y escribir a Clara, no hubiera hallado en este instrumento su solo lazo de unión con ella. “No creo –escribe- que exista un solo compás, nacido entre 1830 y 1840, en el que no estuviera incluido el pensamiento de Clara”.

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Schumann escribió tres conciertos, para piano, violín y violonchelo, el primero de ellos, opus 54, en La menor, está considerado como una de las columnas básicas del repertorio para piano y orquesta. Schumann había compuesto en 1841 una fantasía para esta combinación, pero no estando satisfecho con ella la dejó reposar durante un tiempo. En 1845 la revisó cuidadosamente y añadió al inicial otros dos movimientos, con lo que formó su Concierto para piano. El resultado fue una obra singular, alejada del modelo de concierto establecido por Mozart y consolidado por Beethoven, que el propio Schumann calificó de «algo entre concierto, sinfonía y gran sonata».

El estreno tuvo lugar el 1 de enero de 1846 en Leipzig, teniendo a la esposa del compositor, Clara, como extraordinaria solista. Hasta casi el final de sus días, en 1896, tocó esta gran artista el concierto de su marido por las salas de concierto de Europa. Edvard Grieg (estudiante en el Conservatorio deLeipzig en aquellos momentos), escucharía el concierto, interpretado de nuevo por Clara Schumann, en 1859, y reflejará en su Concierto para piano y orquesta en La menor la influencia schumaniana.

Consta este Concierto para piano y orquesta en la menor Op. 54 de tres movimientos, si bien el segundo de ellos se funde con el tercero:

Allegro affettuoso. la orquesta toca un solo acorde fortísimo y seguidamente el piano toca una serie de acordes de forma descendiente e impresionante para luego exponer el tema principal el cual es la base de todo el movimiento. El segundo movimiento Intermezzo – Andantino grazioso es una tierna, íntima, conversación entre el piano y la orquesta, el cual sin interrupción, después de recordar el primer tema del primer movimiento sigue hacia el triunfal tema  del tercer movimiento, el  Allegro vivace el cual presenta gran y variada riqueza melódica,  ritmos marcados, con pasajes sincopados y una especie de vals de gran efecto.