Crónica de medios sociales

A raíz del conflicto creado por una persona (ver articulo https://pianistclararodriguez.wordpress.com/2014/05/05/624/)

recibí mensajes de personas de muy baja educación, con insultos llenos de odio y obviamente llenos de ignorancia. La mayoría se dejaba llevar por lo que aquella “gendarme de la conducta” les había dicho al tergiversar de manera perversa un enunciado que se refería a las guarimbas venezolanas y cómo en otro país eso no hubiese sido tolerado.

La política no es mi razón de ser, no me gusta, no es lo mío, pero pareciera que ahora nadie en nuestro país se salva de que lo metan en ese remolino de ideas, en esa competencia estilo partido de beisbol, a ver quien es más venezolano o quien tiene la razón. Una verdadera trifulca cotidiana en donde te aseguran, en nombre de la democracia, que te van a matar por haber escrito algo que ellos ni siquiera leyeron.

La cosa es que me ha parecido interesante y he podido observar que la gente pensante, sea del toldo político que fuere, escribe con humanidad, humildad, con decencia; en contraste hay otros que parece que estuviesen cazando cualquier polémica “política” escribir con el lenguaje más soez y elemental, muchas veces sin foto o “perfil” visible en esas redes, me dí cuenta de que algunos crean páginas para insultarte y luego las desaparecen.

A propósito de ésta situación en donde me he encontrado metida desde hace un mes -incluso hay todavía alguno que otro comentario o artículo en la prensa-, me he dado cuenta que la gente a veces no hace la diferencia entre aquella pianista y yo. Están confundidos! Es hasta gracioso. Hay otros que piensan que la señora en cuestión se va a disculpar. Todo es posible. “Nunca digas nunca”.

Desde lejos veo ese atropello más de páginas de farándula que de páginas culturales,  y reconozco sentir vergüenza de estar asociada, sin querer, con ese tipo de mundo intelectual, no lo digo con arrogancia sino con verdadera pena, inclusive, eso que llaman “pena ajena” porque así como a mí me han dicho cosas desagradables, de la persona que empezó el conflicto también han dicho frases bien feas.

La politiquería es una de las actividades favoritas de éste momento: es  extraordinariamente fácil por los medios “anti” sociales, como los llamo; cualquiera tiene la impresión de que sabe algo de eso y que la tarea consiste en repetir una y otra vez lo mismo que les dice un planfleto o el periódico del color que a ellos les gusta, si habla de muertos o si se puede llamar a alguien criminal/ asesino -es una de las que más les deleita-: mejor! y ah!  es siempre importantísimo decir que nuestro país es el peor en todo!

Cuando muchas veces uno piensa que la música clásica está en vías de extinción, pude ver con estupor que mi escrito fue leído casi doce mil veces en un día en mis páginas !, ojalá los CDs se vendieran de igual manera!

La experiencia de leer algo en tu contra, algo que ha sido manipulado y se te acusa injustamente, uno se asusta, sobre todo porque uno ha recibido páginas, a través de los años, de halagos y elogios por un trabajo hecho con gran amor y pasión, después de todo uno trabaja por y con la belleza, la ética y la estética, uno está dedicado a eso desde la niñez y uno está tan lejos de eso que se llama política.

Por esos días en que el ataque estaba “fresco” pensé en tanta gente valiosa que ha sido ultrajada y perturbada por extremistas, por ejemplo en el escritor Salman Rushdie, en la gente que ha sufrido guerras y “limpieza étnica”, en el venezolano  que recientemente ha sido caceroleado en el cementerio el día que estaba enterrando a su madre, a los niños -hoy hombres- violados por sus profesores o directores en las escuelas privadas inglesas. El terror que comienza a sentir uno del prójimo es muy triste, piensas que te han anulado y que serás atacado de nuevo.

Lo primero que me dijeron aquellos era que no me dejarían tocar más en Venezuela, y de verdad me imaginé que no podría hacerlo más.Es bien conocido que esas son consecuencias que persiguen los torturadores, ese es el acoso.

Lo que si temo que es posible es que uno de esos antisociales se ponga a dar lecos en el medio de un pianissimo para molestar en cuyo caso seguramente habrá órdenes del teatro o sala de sacarlo en guinda; ya se quejará de no tener libertad de expresión.

Pero para el que no me conozca, puedo asegurar que me prepararé para tocar con guardaespaldas si es necesario porque la música, mi piano, mi arte no será callado por la canalla!

 

 

 

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