Injusticia

Injusticia

Hay una situación, peligrosa a mi parecer, entre venezolanos en este momento, en la cual algunos se sienten con el derecho a pensar por los demás, y a juzgar negativamente a quienes ellos DECIDEN difieren de su punto de vista.
A causa de esta situación, desde hace 48 horas, yo he sido víctima de un ataque por parte de una colega pianista través de sus cuentas Twitter y Facebook, por un ‘twit’ que yo hice en la mía en el cual citaba un artículo aparecido en The Guardian en Marzo del corriente. Preocupada como es lógico por la situación en mi país, busco información en donde ésta aparezca y trato de sacar mi propia conclusión de las opiniones a veces contradictorias que emiten tanto la prensa como las redes sociales privadas. En el tweet, yo me limité a transcribir lo siguiente: “muchas de las protestas recientes en Venezuela no serían toleradas por ningún gobierno democrático en el mundo”. Sé por experiencia propia que en el Reino Unido, donde vivo desde hace 30 años, el destrozar un espacio público, sacar alcantarillas, poner guayas a través de una calle, talar árboles y detener el tránsito, sobre todo de ambulancias, no es algo que se pueda hacer sin que las fuerzas públicas salgan de inmediato a impedirlo.
Londres sufrió el embate de una protesta popular en Tottenham entre el 6 y el 11 de agosto del 2011, revuelta en que jóvenes afrodescendientes, enfurecidos por la muerte de un vecino a manos de un policía, incendiaron y robaron establecimientos, pusieron barricadas y quemaron vehículos. El 15 de agosto, ya 3.100 muchachos habían sido arrestados, de los cuales 1.000 fueron acusados de crímenes contra personas y la propiedad ajena. Hubo en total cinco muertos, ninguno de ellos agentes del orden público.
Yo sinceramente no creo que una guarimba a la venezolana sería tolerada en este país democrático y tengo derecho a decirlo sin que se me desprestigie por ello. Las cosas se pueden hacer de otra manera, con mayor altura.
Esa pianista y yo hemos compartido el mundo de la música desde hace mucho tiempo y por respeto entre colegas y compatriotas, me parece a mí que ella ha podido comunicarse conmigo en privado, y oído mi opinión, así como yo la de ella; supongo que tendríamos diferencias pero también coincidencias en muchos puntos. En vez de hacer esto, le pareció conveniente utilizar la plataforma artística para incentivar el odio, la división y el fanatismo, para actuar como una especie de gendarme de la moral pública y señalarme con el dedo, acosándome y acusándome de haber dicho algo ” incomprensible” e ‘imperdonable’. Dijo haberme ‘desenmascarado’ cuando yo nunca he portado máscaras, ni he trabajado con partido político alguno, ni soy una ‘vendida’ porque no recibo dinero sino de mis alumnos y de quienes asisten a mis conciertos y adquieren mis CDs.

Permítanme quienes no me conocen que introduzca un breve párrafo sobre mi persona. Desde que me lancé como concertista profesional, con mucho sacrificio y aún más orgullo, he llevado siempre en alto el nombre y la cultura musical de mi país. No por nada se me conoce internacionalmente como la ‘embajadora’ de nuestro hermosísimo legado. La BBC, Radio France y varios otros medios me invitan constantemente a que toque y hable de mi especialidad. He producido y grabado la música de al menos treinta y cinco compositores venezolanos, dándolos a conocer más allá de nuestras fronteras. He publicado composiciones de Federico Ruíz y tengo la alegría de anunciar que una pieza de Antonio Estévez será interpretada por miles de niños alrededor del mundo muy pronto, gracias a mi ahínco por compartir mundialmente las cosas buenas que tenemos. Este mes de Abril, la revista Pianist le ha dedicado un artículo a mi trabajo y tengo proyectos importantes en donde lo más noble de Venezuela siempre será el centro.

Yo no he estudiado ciencias políticas ni económicas, pero no me hace falta haberlo hecho para estar convencida de que Venezuela no saldrá de esta grave crisis sin diálogo y un intento al menos de comprender los argumentos y las aspiraciones de quien disienten sobre su situación. Es lo único que va a detener la violencia y sus aterradoras consecuencias. El derecho a la protesta es sagrado, pero debemos preguntarnos si las guarimbas rinden resultados que beneficien y no dañen a los venezolanos, del toldo político que sean.

Invito a la Señora en cuestión a un intercambio respetuoso de puntos de vista y de información con la idea de abrir espacios para lo que todos deseamos: el arraigo al espíritu democrático, dentro del cual podamos luchar por resolver los problemas nacionales.
El fanatismo político es tenebroso, del lado que venga. Y si hay algo por lo que los venezolanos no podemos dejar de luchar, es por la autonomía de razonamiento.

Clara Rodríguez, Londres, 1 de abril, 2014

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